100 años del Natalicio de Monseñor Salcedo fundador de Radio Sutatenza

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Fue el fundador de las escuelas radiofónicas ACPO, Acción Cultural Popular. Pionero de la Educación a distancia y de la radiodifusión colombiana con la cadena Sutatenza, la más potente de la historia de nuestra radio, la más escuchada y la de mayor cubrimiento a nivel mundial. En 1947 se ordenó sacerdote en el Seminario Mayor de Tunja, donde encontró el apoyo del obispo Crisanto Luque quien lo envió como coadjutor del párroco de Sutatenza, el padre Eliécer Pinto, para que al lado del anciano prelado comenzara a adquirir experiencia.

José Joaquín Salcedo, antes de llegar al seminario en su natal Corrales, era un inquieto adolescente aficionado a investigar, desarmando máquinas de escribir, cámaras de fotografía interesado al igual que su hermano, Antonio José por el funcionamiento del telégrafo. Su padre, José Joaquín Salcedo Cujar y su madre, Eva María Guarín Perry eran telegrafistas.

Su vocación por la electrónica la heredó de sus tíos maternos, Martín y Belisario, el primero fue quien instaló las primeras plantas eléctricas de Sogamoso y el valle de Cerinza, el segundo fue uno de los mejores telegrafistas y docente en la materia, recorrió Colombia instalando redes.

Mi abuela Edelmira Salcedo fue quien gestionó la beca para el seminario para su sobrino, Joaquito Salcedo, beneficio que originalmente estaba destinado para mi tío, Jorge Parra Salcedo esto gracias al tío bisabuelo, el padre, Juan Bautista Quintana.

En sus años de seminarista además de la Teología se preocupó por la Filosofía, la electrónica, la fotografía y el cine. Su primera cámara se la obsequió su tío Belisario y su primera sotana fue regalo de su tío Martín, quien también le construyó los muebles para el internado. Por su estatura, 1.98 no había una cama apropiada para el seminarista.

En la campaña evangelizadora de la Arquidiócesis conoció al comandante del Batallón del ejército de Tunja, el coronel Gustavo Rojas Pinilla, quien al ser interrogado por José Joaquín sobre cuántos soldados saben leer y escribir, el oficial, ordenó un paso al frente de quienes leían y escribían. El 85% de la tropa era analfabeta.

Ese día se concientizó de la idea que le preocupaba, la educación de los campesinos. La empatía del futuro monseñor y presidente redundaría en el apoyo incondicional del general Rojas a las Escuelas Radiofónicas. En agosto de 1947 el padre Salcedo llegó a Sutatenza con su equipaje, la cama que le construyó su tío Martín, un proyector para películas de 16 mm, un radio de onda corta y larga y parte del transmisor de radioaficionado que estaba construyendo su hermano Antonio José en el seminario de los Jesuitas en Santa Rosa de Viterbo.

Con este emisor nacieron las Escuelas Radiofónicas, las que en su señal de prueba se identificaron como HK7HM con una potencia de 70 Watios, los que cubrían un área de dos kilómetros a la redonda. El 16 de noviembre de 1947 el padrecito Salcedo como lo comenzaron a llamar los sutanos por su juventud e ímpetu, prendió el transmisor y emitió la señal la que fue captada en un receptor alimentado por una gigantesca pila Eveready.

Después del saludo se difundió un aire autóctono.  Estas débiles ondas Hertzianas acabaron con la barrera que aislaba a los campesinos de la educación y acortó la distancia de la sociedad urbana y la rural. Así nació la Educación a Distancia. Mi abuela, Edelmira Salcedo fue la primera maestra de las escuelas radiofónicas. Ella era directora de la escuela femenina del pueblo, labor que compartía con la docencia a distancia con las materias esenciales.

El proyecto del Padre Salcedo tuvo eco en la Arquidiócesis de Tunja lo que repercutió en el gobierno conservador de Mariano Ospina Pérez quien apoyó al curita y el 6 de septiembre de 1948 nacían oficialmente las Escuelas radiofónicas de Colombia. El 12 de enero de 1953 el obispo de Tunja, Crisanto Luque se convertiría en el primer Cardenal colombiano por haber creído y apoyado el proyecto del coadjutor de Sutatenza el que maravilló al papa Pío XII. A monseñor Salcedo la radiodifusión colombiana le debe la masificación de la radio, él fue quien la sacó del área urbana a los campos. Los primeros receptores fueron General Electric donados por el gobierno americano a los que se les ajustó el condensador variable en la frecuencia de Radio Sutatenza. Estos funcionaban con una gigante pila Eveready. Monseñor Salcedo fue quien introdujo la era del transistor a nuestro país. Gracias a la ayuda del gobierno de Los EE. UU, pudo comprar un buen número de radios transistores Toshiba, en 1955. Estos requerían una antena de cinco metros, las que fueron ensambladas por toda la familia en la mansarda de la casa Salcedo Guarín en la carrera 16 # 47-77, en el barrio Palermo de Bogotá.

Gracias a la incondicional ayuda del general Gustavo Rojas Pinilla, el proyecto del coadjutor de Sutatenza, el padrecito Salcedo, tuvo eco mundial, apoyó de La UNESCO y Las Naciones Unidas como modelo de la educación a distancia.

Radio Sutatenza fue la frecuencia más potente que tuvo Colombia. Hablar en esta cadena de emisoras era hablarle al mundo. Fue la potencia del pueblo colombiano, la de los campesinos.

Imborrable para mí fue la escena de la primera escuela radiofónica, la se las señoritas Sastoque, quien convocaba a sus estudiantes golpeando un pedazo de riel de los ferrocarriles colgado a un árbol.

A la llamada acudieron unos 15 campesinos quienes se reunieron en torno del receptor al aire libre y comenzaron a seguir atentos la clase con la monitoría de la señorita Sastoque. El 18 de diciembre de 1994 los campesinos de Colombia le dieron el último adiós a Monseñor Salcedo en Sutatenza. Llegaron de las regiones más remotas del país. Este fue el mejor testimonio de la Colombia que muchos dirigentes políticos querían mantener en la ignorancia por creer que educar al campesino era contraproducente para sus intereses.

El genial Mario Moreno Cantinflas en su película “El padrecito” adaptó las vivencias del tío Juquito, coadjutor del viejo, celoso y politiquero párroco de Sutatenza, el Padre Pinto. El artista mexicano fue amigo y admirador de la obra del tío Juquito. Desafortunadamente los intereses políticos y mezquinos de Alfonso López Michelsen acabaron con una obra que fue una positiva imagen para Colombia ante el mundo, educó y llevó cultura a los campesinos de Colombia.

Tomada de eje21.com