Adiós a ‘la Maye': la gran musa de Escalona en cinco canciones

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“Tengo en el bolsillo un papelito que te manda mi tío Rafa”, le dijo una sobrina de Rafael Escalona Martínez a Marina Arzuaga Mejía. Ambas estudiaban en la Escuela Magdalena, un internado para jovencitas de Santa Marta. Así comenzaba la conquista del compositor patillalero a la resguardada hija de una familia prestante de La Paz.

Ya Rafael Escalona tenia una legión de amigos inseparables, fama de enamorado de todas y había compuesto clásicos como El Chevrolito y el primer ‘jerre-jerre’ cuando se cruzó en su camino su amor más importante, el de La Maye. El romance que se impondría sobre muchas otras conquistas del compositor patillalero comenzó cerca de 1945.

Marina Arzuaga Mejía (1929 -2020) sería la mujer con la que Rafael Calixto Escalona Martínez contraería matrimonio en abril de 1951. Después de la boda, el compositor  desapareció de las parrandas con amigos durante un mes y compuso la canción El hombre casado.

La Maye fue madre de Ada Luz, Rosa María, Rafael, Margarita, Juan José y Perla Escalona.

Fallecida por una enfermedad respiratoria (diferente del covid-19) en la noche del 22 de diciembre, en Valledupar,  la famosa Maye inspiró varias de las canciones del emblemático compositor vallenato y la historia de sus amores fue relatada por Consuelo Araujonoguera, ‘La cacica’, en el libro Escalona, el hombre y el mito, que hizo parte de su trilogía de textos canónicos del vallenato.

A continuación, un vistazo a la historia de canciones inspiradas por La Maye.

1. La despedida

Esta canción fue la primera de las que Escalona compuso para ‘La Maye’, en 1947. Con mucha dificultad, conjurada con la insistencia que tenía el compositor para conquistar con versos, papelitos y galantería a las mujeres, había conseguido ser aceptado por Marina Arzuaga, una joven muchacha de La Paz.

Ella sabía que el compositor viajaba de un lado a otro de la provincia del Magdalena Grande y que las mismas galanterías que le dedicaba a ella las tenía con las otras. Pero finalmente, había admitido que le hiciera una visita. Y su familia, aún en contra de esos amores -no consideraba que Rafael Escalona fuera el hombre para ella-, le dio luz verde para visitarla.  Y eso hizo que en La Paz se considerara que se trataba de un compromiso oficial.

En su libro, Consuelo Araujonoguera relata que el padre de Marina tenía claro lo mucho que debía cuidar a su hija. «Aquí viene a visitarla y de aquí la saca para la iglesia», había dicho.

Así que La Maye se convirtió en la novia oficial  y convenció a Escalona de terminar su bachillerato en Santa Marta (Ella también estudiaba allí, en la Escuela Magdalena). La idea de ella era poder verse ya lejos de la vigilancia de sus padres. La de él, era quitarse por fin ese reproche que muchas le hacían para descartar sus amores porque ni siquiera era bachiller.

Y, según el libro, pese a que se la pasaba viajando, hizo toda una despedida de su gente en Valledupar, justo antes de irse al Liceo Celedón. Y partió no sin antes dedicarle a Maye, que aún no viajaba a su colegio, la canción ‘La despedida':

«Yo vengo a darte mi despedida
con este merengue sentimental
para que sepas, Maye querida,
que yo me voy de Valledupar».

La canción fue una de las tantas que el joven intérprete Guillermo Buitrago le grabó a Escalona y popularizó su nombre. De ahí en adelante tuvo bastantes versiones, incluida la de Carlos Vives.

2. La creciente del César

Después de un tiempo de noviazgo oficial (en el que estuvo también frecuentando a dos grandes rivales de La Maye: ‘La monita de ojos verdes’ y ‘Vevita’ Manjarrés (Fue a Vevita a quien le compuso El Testamento y no a La Maye, como se suele creer),  a las que también les escribió canciones.

Escalona compuso esta canción tras un intento de ir a visitar a La Maye, de Valledupar a La Paz. Si bien, La Paz es una población vecina, muy cercana, el viaje, que iba a ser corto tardó 72 horas en concretarse. Iban ya en camino, en el carro de Leonardo Maya, cuando los nubarrones hicieron desaparecer todo el paisaje alrededor y Maya dijo que no se atrevía a conducir con ese clima. Así que buscaron un lugar donde guarecerse y formaron una parranda.

«Setenta y dos horas más tarde, cuando ya había escampado en la ciudad pero aún seguía «lloviendo» buen whisky en los gaznates de los dos amigos -escribió Araujonoguera-, nacía La creciente del Cesar, un paseo dedicado a La Maye, que tiene entre sus doce estrofas esta que por sí sola bastaría para consagrar a su autor como maestro indiscutible de la narrativa del vallenato (…):

«Está lloviendo en la Nevada
y en el Valle va a llové,
El relámpago se ve
como vela que se apaga».

El relato de ‘La Cacica’ también recoge la emoción de La Maye, al oír la canción: «Todo ello le permitió entender, con un razonamiento que nunca antes ella había hecho, que era natural que él a veces no viniera a verla, porque, claro, todos los días no son iguales y uno a veces puede y a veces no». Así dejaba constancia en estrofas como la siguiente:

«Maye, no le tengas miedo
a la creciente’l Cesar,
que yo lo voy a cruzar
es por el puente Salguero».

3. El hombre casado

«Y sigo enamorando en la vida
a toda la que me inspira.
Y amaneciendo en la calle
aunque se ofenda La Maye.
Parrandeando cuando quiera
en mi casa y fuera de ella»

Los versos los compuso después de un mes de llevar vida ejemplar de hombre casado. Según La Cacica, Escalona se había»casado intempestivamente» con La Maye, el 14 de abril de 1951, a las cuatro de la mañana. Los casó el padre fray Joaquín de Orihuela en la iglesia de San Francisco de Asís, de La Paz. La pareja se estableció en Valledupar. La familia Arzuaga tenía una finca donde Escalona empieza a trabajar como agricultor. Sus amigos lo extrañan y un día lo ven y le hacen bromas sobre el cambio dado por el matrimonio. No tardó mucho, en julio, en reunirlos y mostrarles esta canción en las que les respondía.

4. Los celos de Maye

La Maye tenía muchos motivos para sentirse celosa. Durante años su rivalidad por el amor de Rafael Escalona con jovencitas de otras poblaciones, incluso que estudiaban junto con ella, la tenían siempre en guardia. Era la novia oficial y muchas veces le dio últimatums a su amado, pero volvían.  Ya casados y cuando sus dos hijas mayores, Ada Luz y Rosa María habían nacido, la Maye seguía dándose cuenta de las salidas de su esposo y de que quizás no había cambiado mucho. Así que Escalona compuso Los celos de Maye.

«Tranquilizate, Maye,
deja a Rafael tranquilo,
que yo me gasto por la calle
siempre te regreso lo mismo».

5. La resentida

Rafael Escalona había compuesto La brasilera y a medida que la canción se popularizaba, la Maye parecía enfadarse más. Era 1958 cuando compuso este paseo vallenato en el que buscaba darle una explicación.

«Por causa’e la brasilera,
que no ha sido culpa mía,
La Maye está resentí’a
Y yo apenado con ella».

Las discusiones en el matrimonio ocasionadas por esta discusión quedaron retratadas en las estrofas de esta canción:

«Te pusiste a decir
que si yo me iba con ella
Tú quemabas la frontera
entre Colombia y Brasil».

Y está el consuelo que Escalona trata de darle:

«Y esto es lo que vale, Maye,
te vengo a decir,
que ella vive en el Brasil
y  yo contigo en El Valle».

Tomada del Tiempo.com