“El convite de los animales”, un convite nacional

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El convite de los animales es un tejido increíble de intentos, inventos y movimientos culturales que se han forjado de la mano de uno de los más grandes de la música colombiana, el maestro Jorge Velosa. En el libro, y por ingenio boyacense, se logra que se cante, se lea y se trove, porque esa es la magia de Velosa, cuya literatura, que revoluciona y enriquece, permite decir que El convite es nacional y que en él se encuentra una joya de nuestra tradición escrita y oral. Yo no dudo en creer que esta obra sea de las más importantes de la literatura colombiana, pues su valor se extiende desde su aporte escrito y oral, pasando por su particular vivacidad para transmitir el sentir campesino.

La obra es atrevida y campesina, y por ello es revolucionaria y de resistencia, comentario que nace por la existencia de un maravilloso glosario campesino que hace sentir el corazón más rural. Ya veo este libro siendo presentado en obras de teatro, ahondando en clases de pequeñas escuelas rurales, siendo cantado en rondas infantiles, analizado desde la literatura y a partir su aporte a nuestras letras colombianas, adentrándose en el profundo amor de los colombianos. Porque justamente es eso: es la literatura trascendiendo espacios y escenas, encontrando lectores que se convierten en protagonistas, pues Jorge Velosa es escuela y libro, cantares y sentires.

Leer este texto me ha dado una esperanza enorme, así como me ha dejado dudas y cuestionamientos. ¿Colombia está preparada para narrar otros escenarios? Lo pregunto porque esta apuesta de Velosa, por cantar desde la literatura y por escribir cantando, revela sin duda el espacio idóneo para narrar desde otros puntos de aprehensión, desde otras formas de conocer a Colombia. Somos más que esa inmediatez tramposa, retorcida y mafiosa que hemos narrado, de eso no hay duda.

Y no lo dudo porque leo a un personaje como Juan Torbellino, en este texto colombiano en discusión, que sigue abriendo umbrales desde donde Colombia se escribe y se narra para sanar, desde uno de sus grandes cultores de paz: Jorge Velosa. No hay duda, hay un camino cultural.

Tomada del Espectador.com