Filarmónica de Bogotá, 50 años tocando para ti

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Sonaba una pieza de la sinfonía Los planetas, de Gustav Holst, en el auditorio León de Greiff de la Universidad Nacional. El público escuchaba atento, inmóvil, cuando se fue la luz. Sin embargo, el silencio de los espectadores continuó y la orquesta prosiguió tocando. Los músicos finalizaron la pieza sin tener que leer sus partituras. Las sabían de memoria.

Este es uno de los recuerdos que guarda en su corazón Fabio Londoño, flautista desde hace 25 años en la Esta institución fusiona, desde hace 50 años, notas que se propagan no solo en los teatros emblemáticos de la capital sino también en parques, calles, iglesias, colegios distritales, hospitales y en todo espacio público al que comúnmente no llegaría un repertorio de música sinfónica, motivados por su ideal: ‘La música es para todos’.

Las unidades de cuidados intensivos, pediatría, trasplantes y pabellones de quemados de los hospitales San Rafael, Simón Bolívar, Tunal, Suba y la Fundación Cardioinfantil se convierten tres veces a la semana en salones de música.Esos en los que niños y jóvenes hospitalizados olvidan su condición enfermiza para disfrutar del sonido de los instrumentos.
Lo mismo ocurre en las aulas de clases de 31 instituciones públicas de 18 localidades y en siete centros orquestales ubicados en las alcaldías locales de Bosa, Tunjuelito, Teusaquillo, Ciudad Bolívar, Santa Fe, Usaquén y La Candelaria.
De esta forma, la OFB se ha tomado las localidades capitalinas, cumpliendo junto con la Alcaldía su proyecto: ‘La Filarmónica en la escuela y la ciudad’.

“Recuerdo una vez que íbamos a tocar un concierto en Usme. Cuando llegamos, los niños estaban felices, hacían filas para que les diéramos autógrafos. Sentían que había llegado el artista de moda; fue muy especial para nosotros llegar hasta allá”, dice Olga Medina, violinista desde hace 30 años en la orquesta. Para los chiquitos, la Filarmónica ofrece conciertos didácticos en los que pueden aprender sobre música sinfónica.
“Pedro y el lobo fue mi primer concierto con la orquesta, un cuento para niños de Sergei Prokofiev que tiene un narrador y cuyos personajes de la historia son los músicos. Yo fui el gato; fue maravilloso empezar con esta obra para ellos”, concede Guillermo Marín, quien interpreta el clarinete desde octubre del 2016 en la OFB.
Desde 1967, año en que fue fundada, esta agrupación ha buscado llegar a un público diverso, al tiempo que toma riesgos con sus propuestas musicales.

Con tan solo un año de creación, la Filarmónica recurrió a la música sacra al ser elegida para rendir un homenaje al papa Pablo VI durante su visita a Colombia en 1968. En la década de 1990 colaboró con la banda de heavy metal Kraken, y el año pasado, en el cumpleaños 478 de Bogotá, tocó junto al grupo de rock Los Petit Fellas en el parque Simón Bolívar.

Además del rock y el metal, incursionó en los géneros típicos del país con su disco La OFB es Colombia, con el cual se ganó el premio Grammy Latino por mejor álbum instrumental, en el 2008.

Vallenatos como La gota fría, mapalés como Prende la vela, merecumbés como Cosita linda, canciones que se convirtieron en la banda sonora de los colombianos como Pueblito viejo y Colombia tierra querida, todas ellas se pudieron escuchar en versión sinfónica gracias a ese trabajo.

La OFB también apostó por el pop, los ritmos del Pacífico y del Caribe con su álbum Mestizajes, en el 2009.

En este último participaron 96 músicos junto a las voces de artistas como Andrea Echeverry, Andrés Cepeda, ChocQuibTown, Totó la Momposina, entre otros. Interpretando sus canciones más reconocidas.

La orquesta ha mantenido durante cinco décadas su enfoque social. El dinero recaudado por la venta del CD Mestizajes se donó al programa Bogotá Bien Alimentada, de la Secretaría de Integración Social, el cual favorece a los más vulnerables de la ciudad.

Esta Filarmónica ha interpretado grandes obras del repertorio sinfónico universal y ha sido una de las de Latinoamérica que ha ejecutado casi en su totalidad ciclos de compositores como Mahler, Bruckner y Bartók. Además, han realizado giras en Ecuador, Perú, Estados Unidos, Rusia, Italia y China.

Entre sus fines reza: “tocar el alma de la gente”, lo que han logrado a través de su versatilidad y presentaciones sin frontera, esas que los llevan a tocar al aire libre y gratuitamente.

Hoy, gran parte de los bogotanos no desconocen la música sinfónica; al contrario, la aprecian. Esto lo demuestran en el aforo completo de los escenarios de la OFB, sean las sillas de los auditorios o la grama de los parques. Así mismo, lo confirman quienes sin falta acuden a sus clases en los centros orquestales y los que felices reciben su visita en los centros hospitalarios.

Tomada del Tiempo.com