Jazz y Caribe se citan en el pueblo que inspiró a Gabo

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El jazz y el ritmo caribeño del porro se citaron en Mompox, el pueblo colombiano a la orilla del gran río Magdalena al que Gabriel García Márquez dedicó algunas de sus letras debido a su belleza e historia de lucha. “Vine por el jazz”, pero Mompox “es un lugar mágico”, dijo a la agencia AFP  Santiago Concha, un abogado bogotano de 46 años que llegó en avioneta desde Cartagena, a 317 kilómetros.

Este remoto pueblo en el norte de Colombia, declarado en 1995 patrimonio de la humanidad por la Unesco gracias a su arquitectura colonial, aparece en obras del premio Nobel de literatura colombiano como “El general en su laberinto”. Sus arcos, portones y ventanales incrustados en fachadas blancas y amarillas también fueron el escenario de la película “Crónica de una muerte anunciada”, de Francesco Rosi, inspirada en la novela homónima de García Márquez y con actuaciones de Rupert Everett y Ornella Muti.

A Mompox, fundado en 1540 en la isla fluvial más grande de América Latina, se llega tras un largo recorrido de cuatro horas en lancha por el Magdalena, el principal río del país, por carretera desde Valledupar o en aeronaves pequeñas. Al son del porro, una agrupación familiar saludaba a los turistas que iban llegando para acudir al festival de jazz, organizado este año del 21 al 23 de septiembre. El porro es un género alegre que contrasta con la melancolía del jazz, nacido en Norteamérica a la orilla de otro gran río, el Mississippi.

 “El río es la inspiración”

Uno de los integrantes de la banda invitaba a los turistas a bailar al compás de esta música creada para protestar contra la “opresión” de los conquistadores españoles, que ocuparon esta región durante más de tres siglos e hicieron de Mompox uno de los principales puertos fluviales de la época.

“Estos tambores que están sonando significan la música negra, indígena y española“, dijo a la AFP uno de los músicos, Samuel Marmol Villa, nacido en Mompox hace 63 años, de tez morena y con marcado acento caribeño. Gabo, como llaman afectuosamente los colombianos a García Márquez, no dejó rastro de su paso por Mompox y nadie recuerda siquiera que lo haya visitado.

Sin embargo, se dice que el novelista escribió sobre este pueblo por ser uno de los primeros en independizarse de España en 1810, protestar por medio de la música y conservar la arquitectura colonial. Muchos de los lugareños hablan de su municipio, de unos 40.000 habitantes, como una “isla”, pues hasta 2015, cuando terminaron la carretera, solo se le podía llegar por el Magdalena.

“El río es la inspiración de cada uno de los que vivimos a la orilla del agua”, afirma Villa. Las autoridades locales, con las culturas del Magdalena y el Mississippi en mente, decidieron en 2011 lanzar el festival de jazz, “un género libre que permite el acercamiento de otros lenguajes musicales”, explicó a AFP Lucy Espinoza Díaz, directora del Instituto de Cultura y Turismo de Bolívar.

 Ritmos africanos

Santa Cruz de Mompox, el nombre oficial, no recibe los miles de visitantes que acuden al festival internacional de música de Cartagena, capital del departamento de Bolívar. Pero ambas comparten un ambiente colonial.

Los momposinos aluden al río y al “legado” que dejaron tanto españoles como africanos en el arte.

“El jazz es una parte importante de la diáspora africana, y parte de la música tradicional de Mompox tiene esos orígenes africanos de poder manifestar y decir: ‘aquí estamos presentes'”, expresó Jovany Rojas, director de la Escuela Taller de Mompox, que motiva a jóvenes a retomar técnicas ancestrales como la joyería de filigrana.

En Mompox los estoperoles, una suerte de clavos de acero de estilo andaluz, decoran las puertas de las fachadas coloniales. En ese ambiente detenido en el tiempo, cientos de habitantes y turistas acogieron en las calles, iglesias y plazas el festival, que concluye el sábado con presentaciones del cubano Pedrito Martínez y el dominicano Eddie Herrera.

Con el pelo estilo ‘afro’, tez oscura y silueta delgada, la vocalista norteamericana Cecile Alexa sorprendió el viernes al público con un registro vocal agudo. De fondo el piano, la trompeta y los platillos. “Por la esclavitud los ritmos africanos están por todas partes”, dijo Cecile a la AFP, de modo que cuando se mezcla la música colombiana con el jazz “es gente con las mismas raíces pero con experiencias diferentes que crean algo nuevo”.

Tomada del Espectador.com