Tras las raíces de Manuel Zapata Olivella

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Manuel Zapata Olivella pasó una noche de enero de 1974 en una de las mazmorras de la isla de Gorée, frente a Dakar, Senegal, en la misma gruta de la fortaleza donde los esclavizados jolofos y mandingas eran encerrados, esperando las últimas horas antes de ser embarcados en un viaje sin retorno, para venir a fundar a palos nuestra América mestiza. Es una noche que dura más de cuatro siglos… Noche de ruido, furor y pesadillas que yace en nuestro inconsciente, sustrato geológico, noche durante la cual todos los mulatos surgidos del “comercio triangular” (Europa, África, América) comenzamos a soñar un día con la rebelión, con la luz de las espermas, las velas que tenemos en el entierro del caos y los orígenes de la cumbia.

En Chambacú, corral de negros, su novela de 1962, ya él hablaba de “esa noche larga y tenebrosa de cuatrocientos años. La vieja África transportada en los hombros de sus antepasados” (los antepasados de Máximo, el líder de las revueltas de Chambacú). No es ocasional que Chambacú, corral de negros, haya nacido al pie de las murallas de Cartagena. Nuestros antepasados fueron traídos aquí para construirlas. Los barcos negreros llegaron atestados de esclavos provenientes de toda África. Mandingas, jolofos (wolof), minas, carabalíes, biáfaras, yorubas, más de cuarenta tribus. Para diferenciarlos marcaban las espaldas y pechos con hierros candentes, los carimbos, los sellos, se leen en esta novela que ganó el Premio Casa de las Américas.

El profesor Henao Restrepo, coordinador de la Mesa Nacional para la celebración en 2020 del “Año Zapata Olivella”, anunció a fines de octubre la publicación impresa y virtual de la obra completa del escritor, así como la creación de la ópera Changó el gran putas, bajo la dirección del maestro Alberto Guzmán.

Me permitiré referirme aquí a mi experiencia personal para mostrar como el ejemplo y la obra del mitógrafo de Lorica pueden inspirarnos, mientras disfrutamos con los artículos que escribió sobre folclor y literatura, compilados por Alfonso Múnera en Por los senderos de sus ancestros.

Múnera nos aclara que los textos reunidos en este libro hallan “el hilo conductor, lo que les da sentido de unidad, en que constituyen el conjunto de escritos más consistente de alguno de nuestros escritores contra la colonialidad del poder y por la defensa del arte y la cultura colombianos”.

Gracias a Zapata Olivella yo también fui a Gorée, a descubrir las corrientes de africanía en nuestra cultura, a comprobar que somos mestizos culturales. Fue en 2006, en mi segundo viaje a Senegal, adonde había ido para participar en un taller de danza. “Si no sabes adonde vas, debes saber al menos de dónde vienes”, es un proverbio africano que le escuché al cantante de Costa de Marfil, Alpha Blondy, quien tiene una hermosa canción a Gorée, isla donde pervive la memoria de la esclavitud.

Autobiografía de un mulato

En 1988, Manuel Zapata Olivella llegó a París para presentar su libro autobiográfico Levántate mulato y recibir el Premio Nuevos Derechos Humanos que le concedió el Senado de Francia. Fue entonces cuando lo conocí. Solo había leído su novela En Chimá nace un santo (1964). Me llamó la atención que se considerara un mulato y que no reivindicara su “negritud”. Recordé entonces dos cosas muy importantes en mi vida: el color moreno de la piel de mi padre, entre el tabaco y la miel, el chocolate y la caoba, su pelo rizado y su nariz. ¡Mi viejo era un mulato! También vino a mi memoria la obra de teatro que nuestro profesor de español y literatura, en el colegio de bachillerato de la Universidad Libre de Barranquilla, Ramón Molinares Sarmiento, nos propuso montar: Mulato, del escritor afroamericano Langston Hughes. Descubrí que Manuel Zapata, como lo cuenta en su libro Pasión vagabunda, fue amigo de Hughes. Estábamos ligados para siempre. Por eso en mi último libro, Las palmeras suplicantes, la segunda parte se llama Autobiografía de un mulato.

En Barranquilla bailamos las danzas de los congos desde siempre y hemos incluido máscaras de animales en las comparsas del carnaval. Toda la música que hemos escuchado desde la infancia, en especial Celia Cruz, Celina y Reutilio, Merceditas Valdés, Arsenio Rodríguez, Chano Pozo, y después al final de la adolescencia Richy Ray y Bob Marley, nos ha abierto el sendero de los ancestros, ha influido en nuestro inconsciente, así como escuchar a los gaiteros de San Jacinto…

Así tocan los indios

Tenemos que insistir en que la educación primaria, secundaria y universitaria de Colombia se abra cada vez más al estudio de nuestras raíces y nuestro mestizaje cultural… Reclamar “el derecho simple de ser lo que somos”…. como pide Máximo, de alguna manera Kid Chambacú, sobrenombre adoptado por Manuel Zapata Olivella cuando se hizo boxeador durante su viaje por Centroamérica.

En los últimos años, gracias al filósofo Numas Armando Gil Olivera, he estado viajando a San Jacinto y a los Montes de María. Llegué como llegó alguna vez Manuel Zapata Olivella buscando a Toño Fernández. He tenido la fortuna de conversar en su patio con uno de los gaiteros históricos, Juan Chuchita Fernández.

En 1952 había llevado a Bogotá los primeros conjuntos de acordeones a Fermín Pitre y otros. El segundo viaje fue en 1954. Llegó con Delia y recorrieron todo el país, organizando grupos folclóricos. De uno de ellos salió Leonor González Mina, La negra grande de Colombia. “El primero que hicimos, formado por gente de la costa atlántica, llevó el nombre de Danzas Folclóricas Delia Zapata Olivella. Después se hizo otro, que se llamó Conjunto de Danzas Folclóricas del Chocó, y luego de los dos grupos se escogieron las mejores figuras y conformamos el grupo con el que recorrimos Europa. Después traje a Bogotá a Los Gaiteros de San Jacinto, a Toño Fernández, los Lara y a los acordeoneros Juan López y Juan Manuel Muegues, este compuso el vallenato La gira, grabado por Jorge Oñate con el acompañamiento de Emiliano Zuleta”, sigue contando Manuel Zapata a Montes Mathieu.

Era la primera gira mundial del folclor afroamerindio de Colombia. Viajaron Erasmo y Roque Arrieta (Bolívar), Lorenzo Miranda (San Basilio de Palenque), Julio Rentería (Tadó, Chocó), Madolia de Diego y Óscar Salamandra, (Quibdó), Leonor González Mina, (Robles, Valle del Cauca), Salvador Valencia (Guapí, Cauca), Toño Fernández, Juan y José Lara, Nolasco Mejía, Mañe Mendoza (San Jacinto, Bolívar) Delia y Manuel Zapata Olivella (Cartagena). Gabriel García Márquez se les unió unas semanas en el viaje por los países socialistas…

Esta gira es importante porque por primera vez se arma un grupo de artistas para mostrar lo que somos, simbolizados por la música, la danza, el canto y las décimas de las diferentes regiones del país, sobre todo de las costas atlántica y pacífica. Delia Zapata dirige las danzas, comienza a trazar las planimetrías de la cumbia. Se afianza así nuestra personalidad histórica.

Tomada del Espectador.com